Entre la tradición y la modernidad
Omán es un país de contrastes. Desde el desierto a la costa
conviven rasgos tradicionales y de modernidad. Una visión
diferente del mundo árabe, que entremezcla la cultura milenaria
con una naturaleza viva en la que caballos y camellos están
considerados parte de la identidad del país.Desde el
desierto a la costa conviven rasgos tradicionales y de
modernidad. Sorprende, cuando el viajero llega a Omán, la
tranquilidad que se respira en el país. Aferrada a un pasado
cultural maravilloso, la capital, Muscat, empieza a recibir la
luz de la modernidad y es capaz de combinarla en todo su
esplendor con lo antiguo. El viaje tiene un sentir ecuestre,
como no podía ser de otro modo. Con el inicio de año, la
Caballería Real dedica un espectáculo al Sultán del país, Qaboos
Bin Said. Y es en ese encuentro de culturas universales donde
tiene cabida la más genuina representación española, de la mano
de la Real Escuela Andaluza del Arte Ecuestre. Álvaro Domecq,
invitado de excepción, se encuentra en el programa junto a los
jinetes de la fundación jerezana.
Nuestra visita a Omán tiene como principal aliciente el
espectáculo "Royal Equestrian & Camel Festival", que reunió a
mil doscientos caballos, seiscientos camellos y mil quinientos
treinta músicos en el Estadio Al Fateh.
Considerados parte de la identidad omaní e integrados en el
carácter popular, caballos y camellos cumplen un rol primordial
en el día a día del país, de ahí que el 1 de enero de 2006 se
esperara con tanta expectación.
El show comenzó a las ocho de la tarde, una vez aterrizara en
las dependencias anejas al estadio deportivo el helicóptero en
el que viajaba el Sultán Qaboos, acompañado por el rey de
Barhein, Hamad bin Isa Al Khalifa. La apertura tuvo como
protagonista a la Guardia de Honor, con una expresión patriótica
que dio paso a las exhibiciones de los países invitados.
En primer lugar, un grupo de arqueros japoneses a caballo,
seguidos por la evolución de carruajes por la inmensa pista,
fueron el preludio para un breve pero emocionante (no olvidemos
el contexto) número Western, recién importado de EEUU.
Demostraciones de disciplinas como el Polo y el Horseball dieron
paso a la tan esperada irrupción en escena del más puro Arte
Ecuestre español. Álvaro Domecq dirigía a un grupo de jinetes y
seis caballos que, entre cabriolas, corbetas, levadas...,
provocaron el aplauso del público. Enganches con catorce
caballos, espectáculos circenses y de acrobacias, el
archiconocido francés Lorenzo, exhibiciones en las que
participaron niños a caballo... dieron paso de nuevo a la
irrupción de Domecq en pista, con un carrusel de siete minutos
en el que tomaron parte dieciséis jinetes y caballos de la
Escuela. Un emocionante silencio acompasó los ritmos flamencos
de nuestros representantes, encargados de adornar con las únicas
notas académicas que pudimos ver el homenaje. La exhibición
llegó a su fin con las bandas de música del país y un magnífico
escuadrón de tambores que, al compás de excitantes ritmos
tradicionales, pusieron la nota final al majestuoso encuentro.
En esta ocasión Omán celebraba el inicio de año buscando el
motivo argumental para esta costosa inauguración en la relación
entre el Caballo Árabe y la historia del país. Un encuentro
millonario en el que no pudo faltar nuestra escuela, lo que nos
hace pensar que, aunque quizás no dispongamos de los medios
humanos y económicos para asumir algo similar, el mundo entero
considera que las enseñanzas académicas derivadas de nuestros
jinetes tienen mucho que aportar a la cultura ecuestre
universal.
|